Desde la dirigencia de Guillermo Valencia, el PRI Michoacán acusa que la pérdida de seguridad y el uso político de programas sociales reflejan un deterioro institucional que afecta directamente a las familias.

La seguridad no se perdió de un día para otro. Se fue diluyendo entre decisiones equivocadas, omisiones y un gobierno que dejó de hacerse responsable.

En ese contexto, el PRI Michoacán, encabezado por Guillermo Valencia, fijó una postura clara durante la Jornada Nacional de Afiliación en Tarímbaro: lo que hoy vive el estado no es casualidad, es resultado directo de un modelo que permitió el crecimiento de la delincuencia y debilitó a las instituciones.

Desde la dirigencia priista se señaló que, mientras Morena presume programas sociales, en paralelo utiliza esos mismos apoyos como herramienta de presión, amenazando a la población con retirarlos si no obtiene respaldo político. Una práctica que, advirtió Valencia, no solo es inaceptable, sino profundamente dañina para la vida democrática.

El problema va más allá de la inseguridad. Se trata de un deterioro institucional que impacta todos los niveles: desde la tranquilidad en las calles hasta la libertad de decisión de las y los ciudadanos. Porque cuando el apoyo social se condiciona, deja de ser un derecho y se convierte en control.

Aun así, en medio de ese escenario, cientos de michoacanas y michoacanos decidieron dar un paso al frente y refrendar su militancia, como José Ayala Bedolla, quien se sumó al PRI desde 1950. Un recordatorio de que la política también se construye con memoria, convicción y resistencia.

Porque en Michoacán la disputa ya no es solo electoral. Es entre el miedo y la decisión. Y en ese terreno, el PRI Michoacán ya dejó claro de qué lado está.